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Julio 2015
Editorial
Juan Araya Jofré
Presidente Nacional CNDC
Una vez más el período de otoño-invierno genera las
habituales polémicas acerca de las medidas para enfrentar
la contaminación ambiental en Santiago. Este año los
episodios críticos han aumentado respecto de años
anteriores, luego que la autoridad estableció parámetros
más estrictos que hasta 2014, por material particulado
2,5 más conocido como MP 2,5 para las emergencias,
preemergencias y alertas ambientales.
Así, este año se han decretado decenas de episodios
críticos. Hay más restricciones para fuentes fijas,
automóviles, camiones, calefactores y prohibición del uso
de carbón y leña. Nadie puede estar en desacuerdo con
estas medidas, pero, aunque la autoridad ha sido ecuánime
en la aplicación de restricciones, no ha faltado la reiterativa
crítica de culpar a los camiones de la contaminación.
El diario El Mercurio en su edición del 28 de junio publicó
un artículo en que afirma que “la mayoría de los camiones
son muy contaminantes, no hay controles suficientes sobre
sus emisiones y las restricciones son insuficientes”. Alega
que “sólo se les prohíbe el ingreso al interior del anillo
Américo Vespucio…”. Se cita a un ex director de Conama
Metropolitana, que sostiene que algunos de los camiones
tienen más de 25 años de antigüedad y que “el transporte
de cargas está rezagado”.
Pongamos las cosas en perspectiva y con datos reales, no
al voleo. Primero, se busca dar la impresión de que sólo
circulan vehículos viejos, lo que oculta la importantísima
y masiva renovación de camiones en los últimos cinco
años, esfuerzo compartido entre transportistas, la
autoridad, marcas y distribuidores. Resultado de esto
es que desde 2013 es obligatoria la norma Euro 5 para
camiones nuevos, muy estricta en cuando a emisiones.
Todos estos motores pesados usan Adblue o el sistema de
recirculación de gases SRC, que abate los contaminantes.
Asimismo, ENAP distribuye a nivel nacional petróleo
diesel de 15 ppm, de alta calidad sin el cual los motores
nuevos no sirven.
El INE cifra en unos 55.000 los camiones en la Región
Metropolitana. De ellos la mitad al menos son nuevos; no
es efectivo que los que circulan por Américo Vespucio
tienen más de 25 años. Esto no podría ser, porque el
Decreto 18 que data de 2002 permite ingresar al anillo
Vespucio sólo a camiones de menos de 12 años, más las
restricciones horarias. Queda una pregunta que no se
han planteado los críticos, si no ingresaran camiones a
Santiago, ¿cómo abastecemos la ciudad?
Las causas reales de la contaminación son otras: un
parque de 1.800.000 automóviles circulando en un área de
apenas 700 kilómetros cuadrados, que es Santiago. Una
cuenca sin ventilación y con dos tapones montañosos, los
Andes y los cerros de la costa. Y por encima de todo, con
su presencia que no puede ser desmentida por nadie, el
cambio climático con sequía y desertificación, que parece
nadie quiere reconocer porque ésta sí es una verdad
incómoda, como en su momento señaló Al Gore.
Contaminación,
los verdaderos
culpables