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Marzo-Abril 2017
Reportaje
efectos combinados del aumento de
calor, falta de lluvias y agravados por la
megasequía desde Coquimbo hasta La
Araucanía desde hace seis años, que va
secando la vegetación y transformándola
en combustible.
Eduardo Bustos, investigador del Centro
de Cambio Global de
la Universidad Católica,
dice que “se espera
que paulatinamente el
planeta presente tempe-
raturas más cálidas, así
como una reducción de
las precipitaciones. Es
cosa de mirar lo que está
pasando en Santiago:
desde octubre del año
pasado hasta la fecha, la estación de
Quinta Normal marcó olas de calor
repetidas –tres días consecutivos– con
máximas diarias sobre 35°. Desde
1950 hasta ahora nunca tuvimos varias
secuencias de tres días con temperaturas
máximas sobre los 35° en Santiago. Eso
ya dice algo”.
El especialista en ecología del fuego de
la Universidad de Concepción, el doctor,
ingeniero forestal y académico Eduardo
Peña Fernández apunta
en similar dirección. En
su estudio Incendios
en la interfaz urbana,
sostiene que si bien
“las especies nativas o
bosque nativo presentan
mayor humedad de
suelo, ambiental y de
la vegetación, en el
caso de la humedad del
suelo esto ya no se estaría cumpliendo
porque Chile en general y hasta el
sur está sufriendo sequías severas y
continuas que afectan la disponibilidad
de agua y del suelo”. El profesor Peña
Fernández indica que el fenómeno se
grafica al observar cómo la acumulación
de nieve ha disminuido en el tiempo
en los volcanes Callaqui, Región del
Biobío, y Calbuco, Región de los Lagos,
confirmando una tendencia hacia
ambientes más secos que facilitan la
ignición y su propagación.
Un sobrevuelo hecho por Revista del
Camionero en la cordillera de Los Andes
hace casi dos años, en junio de 2015,
en el borde del invierno, mostró un
panorama desolador: la feroz sequía
imperante mantenía sin nieve todas las
alturas inferiores a los 6.000 metros.
Un estudio difundido por Corma,
Corporación de la Madera, en febrero
en plena furia de las llamas, puntualizó
que “las condiciones climáticas extremas
se han acentuado en los últimos
años, con largos períodos secos, altas
temperaturas, baja humedad y fuertes
vientos. Por ello, las posibilidades de
que al producirse un fuego éste se
transforme en un incendio de grandes
proporciones son altas. Son estos los
principales factores que están detrás de
la propagación de los incendios en las
zonas”.
Otro dato preocupante. Un estudio
de la Universidad Austral y del Centro
de Ciencia del Clima y la Resiliencia de
la Universidad de Chile, indica que el
número de días al año con incendios
forestales de gran envergadura (más de
200 hectáreas) pasó de 125 entre 1985-
2007, a 190 entre 2008-2014. Y la cifra
va en aumento en los últimos tres años.
Las temporadas de incendio 2013-14 y
2014-15 alcanzaron aproximadamente
106 mil y 129 mil hectáreas quemadas,
respectivamente. Claro que esta vez
se rompieron todos los records: enero
hizo trizas todos los registros anteriores
al incendiarse casi medio millón de
hectáreas.
“Lo peor que Chile puede hacer es pensar
que esto es un evento que ocurrirá una
sola vez en la vida. A medida que la
temperatura de la Tierra
aumente, tendremos in-
cendios más frecuentes y
mayores, por lo que hay
que estar preparados”.
Así de enfático es Park
Williams, bioclimatólogo
y profesor de la univer-
sidad estadounidense de
Columbia. El científico es
coautor de un estudio que dice que el
cambio climático es la causa principal de
que en los últimos 30 años la superficie
afectada por incendios forestales se
haya duplicado en el oeste de Estados
Unidos, zona de clima similar al nuestro.
Williams cruzó los datos de la superficie
devastada por el fuego, la cantidad
de megaincendios y la duración de la
temporada en que ocurrían, con registros
Eduardo Bustos,
investigador UC.
Dr. Eduardo Peña,
U de Concepción.
Park Williams, U de
Columbia, EE.UU.