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Enero-Febrero 2018
Gremio
Servir, dejar huella
E
stos conceptos perfilan bien la
trayectoria de Andrés Ovalle Letelier,
el ex Presidente de la Confederación,
y también de Conapyme, pues sintetizan la
vocación de servicio del fallecido dirigente y
empresario. Su deceso ha causado profunda
tristeza en el mundo del transporte y en
numerosos círculos, a los cuales entregó
sus talentos y esfuerzos. Su partida, el
25 de diciembre, deja un vacío difícil de
llenar por tratarse de un hombre íntegro,
comprometido, consecuente con sus ideales,
justo y emprendedor.
En la familia transportista se recuerda su
desempeño en la Presidencia de la CNDC, y
también la titularidad del Consejo Nacional
de la Micro, Pequeña y Mediana Empresa,
Conapyme, cargo que ejerció precisamente por
ser el máximo dirigente de la Confederación.
Andrés Ovalle fue despedido por un gran
número de personas, familia, amigos, colegas
y muchos quienes lo conocieron en las
distintas facetas y múltiples actividades en que
participó. La misa por su eterno descanso tuvo
lugar el miércoles 27 y su sepelio en el Parque
del Recuerdo, donde el Secretario General de
la CNDC, Alfonso Escribano, dirigió un sentido
homenaje.
Perfil de Andrés Ovalle
Los principios indicados arriba, servir y dejar
huella, fueron pilares del ex Presidente.
Sus reconocidos talentos y virtudes fueron
más allá de ser un destacado profesional y
empresario del transporte terrestre, al que
se dedicó activamente en la dirigencia del
gremio. Hijo de transportista, le correspondió
suceder a su padre en la empresa privada, y
en el desarrollo de la actividad fue compe-
netrándose de lo gremial, arista que con
el tiempo lo llevó a integrar durante varios
períodos el Directorio Nacional de la CNDC,
como Director Internacional primero, y, luego,
como Secretario General.
En 2005 asumió la conducción de la Confe-
deración como Presidente Nacional, cargo
que ejerció durante dos años, hasta 2007.
En el ejercicio de su gestión le correspondió
asumir el mandato de Conapyme, la entidad
que reúne a las organizaciones de la pequeña
empresa. En ambas impuso su sello, con una
fuerte gestión de desarrollo, haciéndose cargo
de temas y líneas de trabajo para ampliar las
oportunidades de los pequeños empresarios.
Trabajando a tiempo completo, Andrés Ovalle
se caracterizó en la CNDC por impulsar su
modernización, su contacto en terreno con las
asociaciones, impulsando así la participación
de los entes provinciales. Tras cumplir un
fructífero mandato, el año 2007 retornó a la
actividad privada.
Como la familia mencionó en su despedida, un
rasgo de su perfil fue la vocación de servicio,
porque entendía que en cada actividad hay
personas. Entusiasta, de mirada positiva, lo
demostró en lo gremial y en muchas facetas,
en la universidad, en el colegio donde ejerció
la presidencia del Centro de Padres, en la
organizaciónde sus vecinos y en sucompromiso
religioso, entre otros. Hombre profundamente
cristiano a la vez que humanista, interesado
en lo que ocurría en su país, al que amó, y
cuyo espíritu de servicio lo llevó a entregarse
por entero a colaborar en diversos ámbitos.
Efectivamente, su afán de servicio lo llevó
a prestar colaboración incluso después de
haber dejado sus funciones gremiales. Así,
pasó a integrar el directorio de la entidad
ChileValora, cuya tarea es el desarrollo de
perfiles ocupacionales. Revista del Camionero
se pliega a este tributo a Andrés Ovalle, toda
vez que en el ejercicio de la presidencia de la
Confederación le correspondió ejercer como
Director de este medio.
Servir y dejar huella, conceptos principales
del desaparecido dirigente. Lo de servir está
dicho en los párrafos anteriores, mientras
que la huella es el legado que todo hombre
talentoso y hacedor de cosas deja para que
quienes vienen las continuen.