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Marzo-Abril 2016
Entrevista
E
n abril del año pasado Colo
Colo iba a entregar a Roberto
“Cóndor” Rojas la distinción
del Mejor Arquero en los
90 años del club. Pero Roberto Rojas
no llegó. No pudo venir a recibirlo.
Debió esperar casi un año para tener
el trofeo en sus manos y la razón fue
su porfiada enfermedad, una hepatitis
C que lo llevó finalmente en 2015 al
transplante de hígado. El “Cóndor” no
es sólo un hombre de fútbol; también
de fe. Porque debió armarse de la fe
necesaria para superar esa compleja
dolencia agravada por una inesperada
secuela, la acumulación de líquido
en los pulmones, que obligó a nuevas
intervenciones médicas en Brasil,
donde vive. Finalmente, y por fortuna,
el transplante lo dejó convertido en un
hombre nuevo.
Por eso, el “Cóndor” Rojas es un
hombre agradecido de la vida. Siente
que tuvo la oportunidad que otros no
han tenido y en una entrevista con
Revista del Camionero, a la que se
entregó por varias horas, dice que
una de las cosas que definitivamente
aprendió es a vivir el presente, “vivirlo
intensamente, hacer las cosas que más
se quiere y disfrutar lo que se tiene”,
afirma con ojos cargados de emoción.
Hablar con este ícono deportivo que
marcó una época en el fútbol nacional,
uno de los mejores arqueros chilenos de
todos los tiempos, permite conocer qué
piensa un referente importante del fútbol,
un hombre querido y recordado, que
vivió los avatares de las competencias
mundialistas. Algo que hoy le permite
tener la perspectiva de quien vive desde
hace 21 años en uno de los países más
futbolizados, Brasil. De visita en Chile
para estar con su familia, impedido por
su enfermedad de venir antes al país,
Roberto Rojas es un hombre que tiene
una opinión clara. Y se necesita opinión
en momentos difíciles para el deporte
nacional, sacudido por los problemas
de credibilidad y los manejos de los
dirigentes.
Hace un año usted estaba en la
mesa de operaciones esperando ser
transplantado. ¿Qué pensó entonces?
Lo que quería era que me hicieran el
transplante de hígado. Llegar a eso
fue muy doloroso; sentía mucho dolor
físico, tener un órgano inservible,
que no puede hacer la función para
la que existe. Producto de eso, la
acumulación de líquido que drenó
hacia los pulmones hizo necesarias
varias intervenciones para sacarlo,
más una operación. Dos veces hubo
donantes, pero por distintos motivos
los médicos no transplantaron. La
tercera, como se dice, fue la vencida.
Usteddebehabersacadoconclusiones,
tuvo tiempo para reflexionar…
Fue por una circunstancia de la vida
diaria, una dolencia que sentí un día en
las piernas, estaba en la casa. Al revisar
el médico me diagnosticó hepatitis C
y calculó que la tenía desde hacía 20
años; el remedio, simple: transplante.
Ahí empezó todo. Tengo mucha fe
en Dios, creo que las cosas tienen un
propósito, tal vez por algo estoy aquí.
Hay que sensibilizar a la sociedad
sobre la necesidad de disponer de un
sistema que dé soporte a las donaciones
de órganos, porque donar es dar
amor, pero no solamente se necesitan
donantes, sino toda la infraestructura
y la logística para que funcione un
sistema nacional de donaciones. Y eso
Chile tiene que planteárselo, porque
hay muchas urgencias, pero la salud es
una de ellas.
“No hay recambio
de jugadores en la
Selección”
Usted estaba en Sao Paulo saliendo
de la enfermedad en el año de la
Copa América, cuando Chile es
campeón. ¿Pudo seguirla o se la
perdió?
La seguí completa. No me la perdí.
El post operatorio de transplante
de hígado no es tan prolongado;
los médicos le empiezan a sacar
trote rápido a uno para que pase
a la normalidad, con los cuidados
necesarios sí. La recuperación fue
buena y el médico me dio de alta
con los controles correspondientes.
Yo tenía fe en la selección chilena,
porque este grupo es grandioso y
tiene una gran historia. Había que ser
campeones, y más jugando de locales.
Y estaba Jorge Sampaoli.
El hizo lo correcto porque tomó un
grupo que ya venía con un proceso.
No partió de cero. Estaba toda la
experiencia del trabajo de Bielsa. Y eso
es lo que hay que hacer, porque más
que nombres, el director técnico es el
conductor de un trabajo que ya viene
de antes, con jugadores de hace años.
A Sampaoli nadie puede objetarlo
como técnico; lo que pasó después
fue malo porque fue mal asesorado,
se manejó mal. El debió esperar que
se constituyera la nueva directiva del
fútbol y ahí negociar algo que era
jurídico, administrativo, un contrato.
Y eso pasó en un momento en que se
cruzó todo lo que estaba pasando en la
dirigencia. Arturo Salah no iba a sacar
a Sampaoli de la selección.
Ahora se reiniciaron las elimi-
natorias, ¿cómo ve a la Roja?
La selección son dos cosas: la base,
que son los jugadores, y la otra es
conjugar la voluntad de estos jugadores
con el propio técnico, qué sentido le
va a dar él al grupo con que cuenta.
En una selección eso es mucho más
difícil que en un club, porque en este
el entrenador dispone siempre de los
jugadores, pero en una selección eso
ocurre en tiempos acotados, porque
juegan en clubes distintos y en varios
países, entonces tienen pocos días para
juntarse y entrenar como equipo.
Con toda la experiencia que usted
tiene, ¿qué le preocupa?
Me preocupan los jugadores. Me
inquieta que no hay recambio, porque
a esta altura ya tendríamos que tener