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Revista del Camionero
Reportaje
ejemplo, en abril un camión con carne
argentina avaluada en 85 millones
de pesos fue asaltado en la autopista
General San Martín Santiago – Los
Andes, aunque fue recuperado con
rapidez por la policía.
Veamos cómo actúan las bandas que
perpetran estos delitos. Las policías
han detectado que están organizadas
por más de ocho personas, en general
mayores de edad, con un grupo
operativo que intimida y amenaza
al conductor del camión y roba la
mercadería y el camión. Otro grupo
se dedica a la receptación y venta de
los productos robados, es decir, su
distribución ilegal. Ahora bien, la
agrupación delictual que comete el
robo es el eslabón de una cadena más
amplia, ya que esa mercadería robada
la adquieren terceros. Los asaltantes
también usan avanzada tecnología
para precaverse de los GPS instalados
en los vehículos de carga, contra los
cuales emplean inhibidores de señal,
que compran a través de internet.
Así, las ventas se hacen, de prefe-
rencia, en ferias libres, persas, calles
concurridas del centro y de barrios
y, cada vez más extendido, a través
de internet. La PDI ha constituido
grupos especializados de rastreo
para descubrir a las bandas partiendo
del último eslabón, es decir, de la
distribución final de los productos
robados para así llegar a la organización
delictual. Esto es relevante porque
quien compra mercadería “negra” cae
en el delito en receptación de especies
robadas. Otro segmento lo constituyen
los asaltos “por encargo” de quienes
pagan a una organización criminal para
que haga el trabajo por ellos. Además,
los robos abastecen el comercio
ambulante, transformándose en el
combustible de la informalidad que
crece en zonas urbanas, especialmente
en Santiago, fenómeno que dejó de
ser un simple dolor de cabeza para las
autoridades, para convertirse en un
cáncer que lentamente gana terreno,
destruye el comercio establecido que
paga impuestos y crea fuentes de
trabajo, mucho más que una simple
competencia desleal.
La enorme magnitud de
los robos
¿Qué puede hacerse? Es un tema
cuya solución preocupa no sólo a los
transportistas, sino a muchas otras
víctimas. Hablamos de dueños de las
mercaderías robadas, importadores
o exportadores que no pueden
cumplir sus compromisos de venta;
compañías de seguros; comerciantes
y distribuidores en general. Pero
quienes se llevan la peor parte son el
transportista y el chofer; el primero
por sufrir la pérdida del camión, al
menos 120 millones de pesos sólo
en el equipo. Generalmente, debe
responder por la pérdida de la carga,
ya que si bien éstas son aseguradas,
el aumento de siniestralidad ha hecho
que bajen su cobertura; ahora bien, si
el transportista no paga o lleva a juicio
a la aseguradora, simplemente no
vuelve a ser contratado. Y finalmente,
el conductor, el chofer, quien sufre el
trauma del asalto, ser encañonado,
humillado y secuestrado. La dimensión
humana queda muchas veces oculta
pues lo más visible siempre resulta ser
el monto de lo robado.
Sin embargo, hay que tener claridad
y reconocer que todo lo que puede
hacerse no basta, por la simple razón
de que los delincuentes tienen a su
favor la ventaja de la iniciativa para
cometer el delito, y de que no hay
sistema perfecto para evitar el crimen.
Por ahora, como se ha hecho, seguir
trabajando cada vez mejor para reducir
los robos y asaltos de camiones.