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Enero-Febrero 2016
Reportaje
En el contexto del
conflicto limítrofe
que Bolivia ha
creado con Chile,
por la aspiración
de ese país a una
salida soberana al
océano Pacífico a
través de nuestro
territorio, el
transporte de
carga aparece
como una de
las aristas más
complejas, cuyo
epicentro son las
ciudades del norte
por las que el país
altiplánico realiza
su comercio
exterior: Arica e
Iquique.
que hace Bolivia de una supuesta
“exclusividad” de que gozarían lo que
ellos llaman las “cargas ultramarinas”,
es decir su comercio exterior, en
que no pueden intervenir empresas
chilenas porque Bolivia no lo permite.
Antepuerto y bodegas,
solución obligada
El efecto indeseado es la severa
degradación en la vialidad y la
calidad de vida de los ariqueños que
habitan o realizan sus labores en
áreas cercanas al complejo portuario
y vías de acceso: basura, accidentes,
congestión, delincuencia, prostitución
y los problemas asociados a la larga
permanencia que los transportistas
del país vecino realizan en Arica.A
tal extremo llegó el impacto creado
por los cientos de camiones bolivianos
en Arica que, sin tener ninguna
obligación de hacerlo, la Empresa
Portuaria concretó un proyecto de
Antepuerto para descongestionar
las calles de la ciudad. Se trata de
un recinto de estacionamiento de 4
hectáreas con capacidad para unos 250
camiones, realizado con una inversión
de 3,2 millones de dólares. El lugar
reúne numerosas comodidades,
tiene seguridad y es gratis para los
bolivianos, que son el 70% de los
usuarios. Sin embargo, sus costos de
mantenimiento del recinto involucran