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Revista del Camionero
Medio Ambiente
Chile, especialmente en el “secano costero”, caracterizado
por una gran cantidad de quebradas y cerros. Justamente el
entorno más afectado por los megaincendios.
Cambio climático y menos lluvias
Otros elementos se suman a lo anterior, el cambio climático
combinado con procesos de calentamiento y desertificación.
Este fenómeno, con ausencia de lluvias e intensas olas de
calor en veranos cada vez más extensos, está presente en la
zona central y sus puntas de lanza enfocan ya hacia territorios
más sureños.
Fundación Terram advierte en un estudio que data de agosto
pasado que “recién tres años después de un incendio, la
flora nativa comienza a recuperarse. En una década se puede
hablar de árboles de considerable tamaño como espinos,
boldos, litres, quillayes y maitenes. Esto, siempre que se haya
dejado crecer sólo especies endémicas, ya que en el caso del
eucaliptus y pino radiata (especies introducidas), el tiempo
puede ser menor.
En tanto, el académico del Centro de Energía y Desarrollo
Sustentable de la Facultad de Ingeniería y Ciencias UDP,
Raimundo Bordagorry, cree que la reforestación dependerá
de cada lugar. “Los terrenos del secano costero se recuperan
rápido y las viñas, posiblemente no tendrán producción este
año, pero el próximo sí ya que las parras son fuertes. Por
eso se debe hacer un proyecto diferente para la recuperación
de cada zona, poniendo especial interés en los parques
nacionales y terrenos con mayor exposición a la erosión”, dice
Bordagorry.
Los expertos sostienen que para recuperar un ecosistema
incendiado es recomendable, en términos generales, fomentar
la flora endémica y recuperar medio ambientalmente la zona.
La alternativa es aprovechar los terrenos para forestación
productiva. ¿Qué es mejor? Los especialistas creen que lo
más adecuado es una combinación de ambas opciones. En
definitiva, se deberán realizar diversos proyectos dependiendo
de cada realidad económica y geográfica. Eso es justamente
el método que propone la Conaf.
En todo caso, la variable de costos es crucial. Según el
Ministerio del Medio Ambiente, restaurar bosques y áreas
quemadas va desde US$ 240 a US$ 2.858 por hectárea. Es
decir, desde unos 150.000 hasta casi 2 millones de pesos.
“Las praderas son ecosistemas que se recuperan en unos
cinco años. Sin embargo, dependiendo de la complejidad
de la estructura y composición del bosque nativo quemado,
puede tardar entre 20 y 50 años e incluso más”, indica la
investigación.
Todo lo anterior puede ser cierto y recuperar siempre será posible. Incluso
si se deja esta tarea sólo a la naturaleza, ella misma lo hará. El problema es
la especie humana, y cada vez queda más claro que el principal causante
directo e indirecto de los megaincendios es el hombre. En forma elegante, los
científicos que estudiaron las razones de la devastación ocurrida hablan de
“causas antrópicas”, para referirse a que los culpables somos los humanos.
¿Por qué ponerlo de esta forma? Porque nadie sabe si los megaincendios
volverán a afectar las mismas áreas que consumieron el año pasado. Y eso es
más que una simple posibilidad.