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Septiembre-Octubre 2018
Tecnología
Pero el elemento crucial de un coche o
camión autónomo es que sea capaz de
conducirse por sus propios recursos en los
caminos. Las tecnologías que emplean son
muy complejas e incorporan los avances
logrados en una serie de ramas de la ciencia
y la tecnología. Técnicas que asocian barrido
láser, telemetría, gps, visión computarizada
que pueden captar información del camino
y del entorno para procesarla e integrarla
en un cerebro electrónico que toma
decisiones. De esta forma, un vehículo con
funciones autónomas identifica la ruta,
obstáculos, señalética, determina distancias,
separaciones de otros móviles en el camino;
también en qué momento frenar, porque
está equipado con frenos inteligentes. Con
todo ello libera al conductor de funciones
rutinarias. La mayoría usa tecnología LIDAR,
sigla en inglés de detección y localización por
luz, sistema que emite haces de millones de
rayos láser cada segundo, midiendo cuánto
tardan en rebotar. Luego, usa los datos para
construir un mapa 3D de la ruta.
Los procesos implicados dependen de los
avances y aplicaciones en automatización,
conectividad, telemetría ymuy especialmente
gran calidad de la señal de internet. Esto no
tiene por qué asociarse necesariamente a
modelos futuristas como los que se ven en
el cine de anticipación. Lo que importa es
la integración de tecnologías inteligentes
para una conducción más liberada, segura
y grata. Aplicaciones autónomas existen
desde hacen tiempo; un buen ejemplo y
muy básico es la caja automatizada, usada
desde hace muchas décadas; también, el uso
de sensores de estacionamiento. Están las
cámaras que captan el rostro del conductor
y deducen si maneja cansado o con sueño.
El Gps y Waze son ejemplos de telemetría ya
disponible en forma masiva.
Máquinas capaces de
aprender
Tal vez lo que hace la diferencia en un
vehículo inteligente es su capacidad de
aprender e incorporar información útil en
su cerebro electrónico a medida que es
usado. “Machine learning”, la máquina que
aprende, es el concepto. Esto significa no
sólo ejecutar rutinas con mapas del camino,
sino adaptarse a los cambios del entorno,
interactuar con otros vehículos cercanos, en
qué momento adelantar, cuándo detenerse
ante obstáculos del terreno o cruce
imprevisto de peatones o de otros vehículos.
Por ejemplo, un vehículo que recorre la
misma ruta, claramente deberá distinguir y
asimilar condiciones externas y cambiantes
como las del clima, con lluvia y pavimento
resbaladizo. Ciertamente la carretera deja de
ser la habitual.