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Columna del editor
Incentivos para la
Electromovilidad
n 2020 se vendieron 127 vehículos cien por ciento eléctricos, lo que
representa un 15% del total de la venta de unidades cero o bajas
Eemisiones. Se trata de una cantidad muy reducida, incluso tomando
en cuenta que el año anterior fue malo para el mercado automotor por la
pandemia. Si la industria chilena es altamente competitiva, cabe plantearse
por qué no hay más demanda por estos vehículos.
Todo indica que la electromovilidad debiera estar en línea con el discurso
dominante de promover y favorecer la introducción de tecnologías y productos
no contaminantes, amigables con el medio ambiente y descarbonizar el
parque. El relato también anticipa que generaremos energías solares limpias, y
litio para las baterías. Pero, la realidad se impone sobre los buenos propósitos.
Hay un debate incipiente sobre la introducción de estos vehículos; se acepta
que a medida que transcurra la década su participación de mercado irá
subiendo. Con todo, hay obstáculos importantes.
Las marcas están introduciendo algunos modelos, incluso para cargas livianas,
por lo tanto hay señales de la oferta para expandirse. De ello da cuenta un
reportaje en esta revista. Sin embargo, algo limita la demanda. ¿Qué es? Lo
que salta a la vista es que los incentivos no están. No existen.
En reciente encuentro con la prensa especializada por las ventas en 2020, la
Asociación Nacional Automotriz de Chile fue consultada sobre esta materia.
Sus directivos coinciden en que no es cuestión de pedir subsidios de ingreso,
más aún si se trata de tecnología aún cara y no masiva, con baja rentabilidad
social. Y aunque los eléctricos son de alto costo, Chile se beneficia de los
tratados de libre comercio con los fabricantes.
Una real política de incentivos pasaría porque quienes opten por la
electromovilidad descuenten IVA, y que el Gobierno acepte que un vehículo
eléctrico puede ser considerado de trabajo. Falta crear una red de carga
que permita el abastecimiento seguro, tema que compete a las compañías
proveedoras de energía. Infraestructura y gestión de vías para que los
eléctricos tengan preferencia sobre los convencionales; está el ejemplo de las
ciclovías. Permisos de circulación rebajados, liberación de revisiones técnicas y
facilidades para que el usuario o flotista compare opciones.
Con toda seguridad sí hay mucho que se puede hacer. El punto es que la
electromovilidad debe tomarse en serio, y se trata de establecer una
agenda, de modo que cuando se empiece a masificar las cosas no
se improvisen. La propia ley de eficiencia energética señala que
hay que dar incentivos a las energías limpias. Hoy no existen
proyectos de leyes que apunten a descarbonizar el parque, y
es importante tener una carta de navegación no a largo plazo,
sino para los tiempos que vivimos.
Diego Ramírez Toro
Editor de Revista del Camionero
Revista del Camionero
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